
atravesando
el momento de
habernos encontrado,
de descubrir la empatía
en las cotidianidades,
en las sutilezas,
en las instancias más sublimes;
aprovechando
que la hora nos encontró
en el mismo sitio,
que pudimos coincidir
con algunas gentes,
que las palabras,
las miradas,
los gestos,
las trompas,
las auras,
los pómulos,
y los ojos chinos,
se sumaron al
repertorio
de seducciones
sutiles,
pero poderosas.
riendo siempre
con el recuerdo
de aquella mano
no equivocada
o del aquel beso
que se resbaló, cayendo
justo en donde
hoy se reposan
las palabras
que no tienen que
escucharse,
donde se juntan
las miradas
casi haciéndose una,
donde los respiros
se convierten en un
solo hilo de aliento,
donde descansa el
hombre y la hembra
en el hombro del
hambre de siempre amarse...
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