
hemos habilitado un tiempo para caricias,
atrapar sueños,
borrar cicatrices,
sonreírnos sin palabras,
olvidar a veces la cordura
y vivir la insensatez elocuente.
nos hemos permitido convertir
las desgracias en un dulce lecho,
hacer polvo las piedras del camino,
tirarle una sábana al pasado
que de vez en cuando insiste en atraparnos.
hemos hecho de tripas luces aún en
la oscuridad que más se empeña.
hemos domesticado el dolor,
sacudido el cuerpo,
abrazado la soledad tantas veces
estando juntos
y estando juntos, otras muchas veces,
la hemos espantado.
hemos llegado juntos a un
mismo punto y tan así nos hemos disociado,
entre lo que se dijo, lo que no, lo que no se
entendió, lo que se malinterpretó, lo que
el instinto acertó
-pero-
hemos acumulado noches, queriendo que
las mañanas se asomen y se hagan parte
de la ceremonia de estar juntos.
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